
“Soltera” fuerte palabra. Su peso como que aumenta proporcionalmente a la edad… Pero bueno, aparte de fuerte, es tan confusa, que ni siquiera se tiene claro, si lo correcto es decir que “se es soltera” o que “se está soltera”. Creo que justo es en ese cierto sexismo, escondido dentro de un problema gramatical, que se empieza a notar la disyuntiva de si es algo definitorio de quién eres o qué eres, o si es un estado particular de una persona en un tiempo específico no determinado. Yo me tiro inmediatamente por el segundo bando, el de aquellos para los que es un estado circunstancial, porque no me resigno a creer que es lo que soy. Definitivamente, para mí es como estoy: Sí, estoy SOLTERA.
La famosa palabrita a la que tanto miedo le tienen algunos y sorbe todo algunas. Unas "solteras" son felices estándolo, otras añoran dejar de estarlo. Algunas lo están por resignación, otras estamos aprendiendo a estarlo de nuevo y redescubriendo el cómo disfrutarlo. No faltan quienes le huyen como a la peste. Para otras es únicamente como un estado de transición, entre una pareja y otra. Algunas han estado solteras toda su vida y no saben que es no estarlo, mientras que otras lo estarán por siempre y deberán soportar esa variación gramatical que cambia una letra y agrega dos más, con aderezo de triple connotación negativa -por favor- y ser: las Solteronas.
Lo extraño es que los seres humanos nacemos y morimos solos, es la naturaleza humana ¿no? Por lo tanto el estado de soltería no debería de ser tan complicado de aceptar, ni de vivir, pero para desgracia de las solteras, sobre todo, lo es. Ciertamente las que estamos solteras sabemos cuán feo es que te miren raro si entras al cine sola (cosa que por mi cinefilia compulsiva me pasa a cada rato) o que en un evento cuando te toca pedir que te agreguen una silla, te pongan mil peros porque está todo acomodado “en par”, lo molesto de esas miraditas de pena y lástima que te tiran, entre frases supuestamente alentadoras -que son más bien irritantes- como "va a ver que ahorita le llega" esos tontos que suponen que con eso hace un gran aporte a tu vida, porque disque encontraron el amor de la suya y creen que lo que uno necesita son “ánimos” para correr con su misma suerte… (¿?)
Hace poco me dí de frente con la incómoda realidad que aunque por mí es vasta conocida, me hizo comprobar que nunca deja de afectarte. Así uno no quiera darse por aludida, así uno quiere ignorar a la gente. Cuesta!
Recién fui a un quinceaños de una prima, donde desde que llegué, percibí como que yo había olvidado algo que debía llevar, e incluso llegué a preguntarme si habría dejado un arete, el bolso o algo en el carro, porque parecía que algo importante me faltaba, pero no. Tardé unos segundos en apreciar que ese algo que me faltaba era un alguien, y se llamaba pareja. Sentí esas miradas y vi como tantas veces, los cuchicheos que mostraban “preocupación” (sí, entre comillas) todo reflejaba el “¿cómo es que a Vanessita no se le ocurrió traer a alguien si venía a una fiesta?”, o mejor dicho, “¿por qué no está con alguien en la fiesta y de paso, para la vida en general?”.
Una y otra vez escuché los “viene sola?” -y yo decía, ¿pero si entré con mi familia, ¿será que no los vieron?, o será que ¿venir con la familia a una fiesta familiar es venir sola?- los infaltables “¿y su novio dónde está?” o “al novio ¿dónde lo dejó?” y claro que los predecibles “¿cómo que no tiene???” (con tres ? dado el tono interrogante excesivo). Tras la incómoda sesión de minutos gastados en preguntas y respuestas –y eso que aún no había llegado ni la hora del brindis- terminé sacando mi faceta cómica, para tratar de explicarles que así estoy muy tranquila, y que "no ando en una ferviente búsqueda con una caña de pescar, ni un lazo, ni una soga de rodeo por la calle", para capturar al maravilloso espécimen masculino que me quitará lo soltera.
La gente que me dijo algo terminó disque riendo conmigo, y leyendo entre líneas mi “gracias, pero no gracias”, en algunos su cara igual reflejaba lo incomprensible que les resultaba mi comentario, osea mi posición. Era fácil leer en sus caras un ridículo -pero común- “pobrecita” o algunas, por demás conocidas, interrogantes que hacían cuando yo me iba: “¿Quién la entiende? ¿Por qué no busca novio? ¿será que sigue enamorada del ex? ¿cuántos años tiene? ¿Acaso no quiere casarse pronto? ¿No quiere tener hijos?…” y yo moría por decirles: “sí, ya voy camino a los 25, ¿y qué? Estoy soltera y quiero casarme y lo de los hijos aún no lo sé, pero de nuevo… ¿y qué?”.
Luego pensé algo “aliviada” que de todos modos, yo podía haber ido acompañada, y reacompañada -aunque eso no me quitaría lo soltera claro- y que fui yo y únicamente yo quien decidió no hacerlo, yo fui a la fiesta conmigo misma y que eso debería ser suficiente para todos! Total, ¿la nieta de mi abuela y prima del quinceañera soy yo ?¿no? Pues soy yo quien tiene que estar aquí, no nadie más! quería decirles “ey me estoy divirtiendo y/o aburriendo igual que ustedes” y una docena de cosas más. Y así, refunfuñando, me di cuenta que en mi empeño por acallar sus voces y responderles -aunque fuera mentalmente- con todos mis argumentos, más bien me estaba defendiendo! Sí, justo caí en ese juego que tanto me molesta en el momento en que empecé a justificarme con ellos internamente. Maldito vicio ese que agarramos de estarnos justificando! Indignada conmigo misma, me pregunté ¿En qué momento exacto de la vida una se convierte en una eterna proveedora de excusas para justificar su vida?
Mientras tanto, me harté de la criticadera de los demás, y decidí ir a bailar con mi ahijado en brazos, pero no, un pequeño hombrecito de 9 meses no era un buen salvoconducto. Y así pareció que nada de lo que hice estuvo bien, estando “sola” todo lo yo hacía tenía un pero, o una doble interpretación. Hablé con dos primos lejanos, pero me hicieron los ojos al revés porque "uy me los estaba ligando”, cuando fui al baño “estaba huyendo”, cuando cambié de mesa para conversar con gente que casi nunca veo, mostré –según mami- lo “obstinada que estaba”, porque estar sola significa que uno tiene que obstinarse en una fiesta! Mostrando algo del ánimo que me quedaba, decidí tirarme a pista a bailar, pero error! olvidé que para bailar hay que preguntar antes la edad, porque bailar con hombres más jóvenes “se ve muy feo” y te convierte en una “asalta cunas” como dijo –disque entre bromas- una tía cuando me senté.
Luego caí en mi mesa, otra vez. Pero esta vez para quedarme ahí y decidida a no moverme más! Me quedé en mi silla, sola, seria y calladita, contemplando mi celular, pero para efecto sociales es parecer “amargada” o que estás esperando alguna llamada o mensaje (yo lo que hacía era mirar la foto que le tomé ese día a mi perro) pero claro, las solteras siempre estamos a la espera de alguien o de algo de algún alguien -y ese alguien no puede tener cuatro patas- Sino! Incluso, cuando pedí otra cocacola, una prima casada me dijo “ya deje eso, que se engorda, después no se queje...!” y justo recordé ese peligro oculto, al que nos sentencia el engordar: te quedarás sola.
A esas alturas de la fiesta, me decidí por pedir un trago, a sabiendas de que ahora parecería una alcohólica, aunque igual parecía que ahí era mejor ser eso que soltera. Me dediqué a ver dormir a mi ahijado -sintiendo francamente mucha envidia- y terminé huyéndole a la mirada de algún primo cercano que no debería de verme como me ve, y de la de ciertos tipos, esposos y novios de esas mujeres tan preocupadas por mí, que no se percataron de que sus respectivas parejas, me miraban como lobillos, ellos tampoco le quitaron el ojo de encima a esa, a la del vestido negro y botas altas, que se atrevió a aparecerse soltera en la fiesta. Que irónica es la vida! Ellas sintiendo pena por mí, y yo por ellas…
A esas alturas de la fiesta, me decidí por pedir un trago, a sabiendas de que ahora parecería una alcohólica, aunque igual parecía que ahí era mejor ser eso que soltera. Me dediqué a ver dormir a mi ahijado -sintiendo francamente mucha envidia- y terminé huyéndole a la mirada de algún primo cercano que no debería de verme como me ve, y de la de ciertos tipos, esposos y novios de esas mujeres tan preocupadas por mí, que no se percataron de que sus respectivas parejas, me miraban como lobillos, ellos tampoco le quitaron el ojo de encima a esa, a la del vestido negro y botas altas, que se atrevió a aparecerse soltera en la fiesta. Que irónica es la vida! Ellas sintiendo pena por mí, y yo por ellas…
Las horas fueron pasando, entre cumbias y reggaetón (quien escogió la música?) y la incomodidad que sentían los demás al verme, me empezaba a parecer contagiosa y la verdad hubo un rato en que sólo pensaba "¿por qué diablos no venden un aparato teletransportador que me lleve directo y sin escalas a mi camita?". Pero la solución no es un chocolate, ni el huir de ahí, porque aunque ganas no faltan, huir implicaría también tener que hacerlo de casi todos lados, porque el problema no está en una situación o sitio particular, ni en unas personas, el problema lo tiene esta sociedad. La sociedad que casi impone que debemos vivir en pareja y que no espera que tengas 30 ni 40, sino que en los 20 y escalofriantemente a veces mucho antes, empieza a presionarte a que tengas a alguien, y eso sí, lo luzcas públicamente del brazo, porque sino ¿para qué sirve, no? Esa sociedad donde abundan las mentalidades cerradas, concepciones erróneas de la soledad, de la independencia, y donde somos las solteras, las que suscitamos las mayores suspicacias en torno a nuestra vida privada.
Estando solteras debemos aguantar que cuestionen nuestras razones, nuestro estilo de vida y a veces hasta nuestras preferencias sexuales, en ocasiones hasta es un cuestionamiento de uno como mujer (aunque en menor medida, a los hombres también les pasa) Parece que cuando no tienes a alguien, es como si los demás tuvieran permiso de excluirte de la masa de gente que se empareja y reproduce. Lo peor de todo es que esta aprensión a la soltería, como creencia cultural, es fácilmente aprendida y reproducida, incluso por las mismas mujeres, y por ello esaes para mí la culpable de ese pánico que hace que a las mujeres les aterrorice la idea de quedarse solas y de que muchas continúen con relaciones que de no ser por ese miedo, no habrían sido de la mitad del tiempo de lo que fueron... es la culpable de esas trabas que paralizan, que hacen a las mujeres sentir vértigo a la hora de romper una relación que ya no las hace feliz o al separarse de alguien que no aman, o que ya no las ama. Qué triste aceptar que resulta siendo, tan dañina para la salud mental y el libre desenvolvimiento de muchas mujeres y de su femineidad misma.
Personalmente (porque me incluyo) sé lo difícil que nos lo pone, y lo espinoso que resulta ese camino hacia el estoy sola y estoy bien, lo sé porque lo he venido recorriendo y aún estoy en ello.
Estando solteras debemos aguantar que cuestionen nuestras razones, nuestro estilo de vida y a veces hasta nuestras preferencias sexuales, en ocasiones hasta es un cuestionamiento de uno como mujer (aunque en menor medida, a los hombres también les pasa) Parece que cuando no tienes a alguien, es como si los demás tuvieran permiso de excluirte de la masa de gente que se empareja y reproduce. Lo peor de todo es que esta aprensión a la soltería, como creencia cultural, es fácilmente aprendida y reproducida, incluso por las mismas mujeres, y por ello esaes para mí la culpable de ese pánico que hace que a las mujeres les aterrorice la idea de quedarse solas y de que muchas continúen con relaciones que de no ser por ese miedo, no habrían sido de la mitad del tiempo de lo que fueron... es la culpable de esas trabas que paralizan, que hacen a las mujeres sentir vértigo a la hora de romper una relación que ya no las hace feliz o al separarse de alguien que no aman, o que ya no las ama. Qué triste aceptar que resulta siendo, tan dañina para la salud mental y el libre desenvolvimiento de muchas mujeres y de su femineidad misma.
Personalmente (porque me incluyo) sé lo difícil que nos lo pone, y lo espinoso que resulta ese camino hacia el estoy sola y estoy bien, lo sé porque lo he venido recorriendo y aún estoy en ello.
Estar soltera es también muy agradable, estar soltera se trata de decisiones, de expectativas, y de un bonito aprendizaje, que se produce al estar en nuestra propia compañia, al estar con uno mismo. No hay nada de malo en ello. No te hace mejor ni peor. Gracias al cielo uno tiene la posibilidad de elegir como quiere vivir su vida, y la vida está hecha de elecciones. A veces hay que elegir quedar como una pobrecita, bruta, libertina, agazapada, loca, rebelde, o como una “desacertada” para defender una elección de uno, sobre todo cuando esa elección te convierte en lo que los demás no quieren que seas o en algo que nadie espera que seas. Creo que se trata también de carácter, y de recordar dónde has estado, saber dónde estás y el porqué. Tener claro qué es lo que buscas en una pareja y que si no te conformas con menos, es porque sabes lo que vales. Recordar que vives por ti, y que no vas a vivir en discapacidad emocional, sumando relaciones disfuncionales, para “estar acompañada” y así llenar expectativas de otros.
Así que volviendo a esa noche de la fiesta, en algún punto deje de pensar tanto y finalmente respiré! Sonriendo, abandoné mi silla por un rato, agarré a mis hermanas de la mano y me las llevé a bailar. Fui jalando poco a poco a cuanta prima menor estaba sentada y hicimos el famoso círculo donde cada quien baila sola, y como quiere. Por mucho, fue el mejor momento de la noche. Tal como hice mentalmente en ese momento, agarro ahorita mi megáfono imaginario y digo:
No tengo que excusarme por ser quien soy, o por no vivir como ustedes quieren, ni por no estar con alguien, solo porque ustedes creen que debería de estarlo. Acertada o desacertada, esta es MI vida y ser soltera, es solo una parte de eso, un estado que cambiará o no, cuando yo así lo decida, cuando ese otro alguien, que no sé donde está, aparezca. Hasta entonces, ESTA SOY YO, Sylvia o Vanessa, según… Soltera, libre y feliz… y punto.




