miércoles, 13 de mayo de 2009

Cuando nosotras asustamos, Parte II

Lo prometido es deuda. Aquí las que se me quedaron del post anterior, de cuando nosotras las mujeres podemos asustar...

La REcursi
La que se pasa de cursi y generalmente no se da cuenta que lo es, porque ingenua, se ve a sí misma como “romántica”, algo de lo que en realidad tiene muy poco, porque no sabe que está pasada de azúcar… Con raras excepciones, presenta el mismo origen para identificarla: La adolescencia. Empieza dibujando corazoncitos, llenando sus cuadernos con mil menciones del nombre de su amado, planeando fiestitas de 15 al estilo de princesita, leyendo revistas para güilas huecas y completando tests basura, escribiendo cartitas a sus noviecitos y cosas por el estilo… y como buen árbol que nace torcido, jamás se endereza. Termina ya vieja, usando trencitas, colitas y lacitos en la cabeza, vestiditos y zapatos de muñeca, su apariencia y hasta su tono de voz parece anclada en la niñez. Le envían seguido a su pobre víctima correitos cursis, lo llaman a cd rato y cuelga siempre con un “Te amo”. Es como si vieran la vida a través de un cristal o una lupa con forma de corazón...

Le pone apodos, pseudónimos de asco-amor y palabras “lindas” –me pregunto para quien?- como: mi “wxyz!” *alguna fruta con terminación “ito” ej: melocotoncito, o algún alimento+ito ej: marsmelito, chocolatito si es moreno, etc) a menudo los llaman mi “alma gemela ” (quien dijo que hay sólo una?), mi corazoncito (y yo creía que ya nacíamos con uno…) mi cielito (y entonces que es lo celeste de arriba?) y cosas semejantes. Por supuesto le habla chineado a toda hora, aún en frente de la gente. Uno ve el cuadro y le da pena ajena. Lo atormenta –digo- “halaga” desde el principio como “el indicado” y su “media mitad”. Se arma de poesías exageradas y temas de Sin Bandera y Camila para sus muestras de cariño diarias, y también deja mensajitos pegas en los portales sociales. Llena de detallitos la habitación y si puede toda la casa del otro, o hasta le compra una mascota como hijo de ambos postizo. Mantiene sus expectativas de niñez de cuento de hadas, ahora exacerbadas, para fechas como aniversarios, cumpleaños y 14 de febrero (que dicho sea de paso hacen que su pareja lejos de celebrarlas, las padezca) por lo que está siempre a la espera de tarjetas, peluches y docenas de arreglos y flores. Afirman cosas como “seremos felices para siempre”, “nada ni nadie nos va a separar” y demás cursilerías dignas de la peor novela rosa de espanto. Lo peor es que esa guarnición extra de cursi, nadie la pide en el menú, y además de asustar, abruma a los hombres, a veces hasta el hastío. Mi prescripción es que toda mujer con tendencia a este tipo de freak vea “Como perder a un hombre en 10 días” manual práctico y guía útil de lo que las mujeres no deben hacer.

La mega actriz
Más de una mujer podría ganar el OSCAR si quisiera. Unas fingen interés en un hombre, una relación o una conversación, otras actrices fingen amor, otras orgasmos. Unas fingen por necesidad, otras por gusto, otras por interesadas, otras casi por vocación porque son falsas de nacimiento. Esas son las peores, pero hay casos y casos. De entre las normalitas que asustan, está esa que aún molesta o en desacuerdo con lo que su pareja dice que hará (como cuando este le anuncia que va a salir con sus amigos) sonríe como si nada y dice “qué bueno mi amor, que disfrutes mucho” y luego misteriosamente se siente mal, comienza a toser y logra manipularlo con su migraña, su falsa enfermedad y su hipocondría.

También está esa que al borde de un ataque, porque acaba de tener una pelea fuertísima con el otro en el carro, después de gritar, patalear y hacer berrinche, a vista del asombrado susodicho, entra 2 min después radiante a la fiesta, y casi como por arte de magia se convierte en la alegría en persona, con su sonrisa de oreja a oreja. Queda como la novia perfecta que saluda a todos, se ríe, se toma fotos y baila con todos, y solo al final de la noche, se agiganta como una Zord (tipo Power Ranger) y al poner sus pies fuera del evento, pareciera que estira la mano y dice “seré la bruja enojona otra vez” y se transforma de nuevo, esta vez para volver a ponerse su rostro verdadero, regresar a su chicha y su amargura.

Yo personalmente no actúo, ni para una obra, ni siquiera para una exposición de la U. No lo logro, es la única rama del arte a la que no le hago. Además, las únicas actrices que quiero son las del cine –y no a todas- pero al resto, las aborrezco, y eso desde muy niña; gracias a mi mamá que podía estar enojada conmigo como Godzilla y atender 5 segdos después el teléfono o la puerta con la dulzura de un gatito. Cosa que nunca entendí y siempre me desagradó. Por eso detesto estas mujeres, pero más aún, porque es gracias a ellas, que los mortales que se las toparon, luego no nos creen al resto absolutamente nada, o peor, pretenden que usemos nuestros supuestos dotes actorales “naturales” en circunstancias que les convienen, como que disimules o finjas que no te importó alguna grosería o una torta que se jalaron en público, claro como supuestamente "no nos cuesta nada", o disque estamos programadas con un botón para actuar y poner nuestra mejor cara… uy! pero no, jamás! No es cierto. Pero todo gracias a ellas, como diría Don Ramón: si serán!!!
La posesiva
Simple: Es la mujer que se siente la dueña y señora del meganito. Su vida es él, no hay nada antes ni después. El es todo, y es “suyo y sólo suyo”, todito, ok? Si pudiera, le daría “chiquitolina” y una vez pequeñito, lo guardaría en unel bolso con llave, para que no se le pierda. Le cuesta enormemente compartirlo con su familia, amigos, trabajo, estudio, hobbies y cualquier cosa que lo aleje de ella. Que “se lo roba”. Ella vive pendiente de él, lo quiere, usa protege, resguarda, cela y cuida como si fuera su objeto más querido, su joya más valiosa, su precioso tesoro que no puede perder por nada del mundo. Y claro que asustan! Muchísimo, nadie quiere una pareja que no lo suelte ni para ir al baño, que no los deje ni respirar. Paulina Rubio me hizo un favor esta vez, lo dijo todo, bueno todo lo que esta freak dice en su interior, casi como los mandamientos de la posesiva: “Mio, mio, mio, mio, ese hombre es mio, para siempre mio (...) Cada camino que piso, me lleva hacia el, soy su sombra fiel (...) No como, no duermo, no vivo, pensando en su amor (...) Nada ni nadie me lo quitara, nada en el mundo nos separara (...) Soy una leona en celo dispuesta a luchar, con tal de defender lo que quiero, morir o matar (...)Mio, ese hombre es mio, ni te le acerques es mio, mio, mio...” ¿Asusta? No, que va... Imaginación mía seguro... Ajá.

Durmiendo con el enemigo
Acá la cosa es simple. El hombre en cuestión les está haciendo daño. Razones hay miles, situaciones millones. El asunto es que esas mujeres están entregando su corazón y compartiendo su cama y su vida con a un hombre que las hiere, las maltrata, las menosprecia, las explota, las rebaja, las agrede, las engaña o les miente, o muchas de las anteriores. Están con un hombre que socaba su seguridad y su dignidad, que las hace sufrir. Esta fémina masoquista no es lo suficientemente consciente para asustarse a sí misma, y no asusta al tipo porque este más bien crea al freak y pues el creador de Frankenstein no se asustaba al ver su creación ¿o sí? pues no. Pero a los que sí asusta es a sus amigos y familiares, que son los testigos de que el enemigo está demasiado cerca y ellas no lo ven, porque se van a dormir cada noche con una venda.
Cuando nos convertimos en estas mujeres, contra toda razonabilidad, amamos a quien nos daña, a un ser que nos hace infelices y a quien no le importa hacernos mal. Y nos quedamos ahí aguantando, en nombre de ese supuesto amor que sentimos, he aquí lo que más asusta, que amamos a estos sujetos que no nos aman, y que no hacen méritos para ganarse el amor de nadie, menos para merecerlo. Pero no hay que taparse los ojos. La culpa no es suya, es nuestra, es de nosotras las mujeres por querer o haber querido seguir a su lado. Aquí no aplica la frase de que amemos a nuestros enemigos, sorry. Y si es así, a amarlos pero de bien largo, de muy lejos, hasta que ese amor se apague. Esta freak tiene que despertar y tirar de la cama al enemigo, porque siempre debe primar el amor que tenemos por nosotras, antes que por cualquiera. Solo que no es tan fácil como suena...

(La paciente)²
Sí, paciente al cuadrado, por paciente “de paciencia” y por paciente “de que padece”. Definitivamente tiene mucho de ambas. Es la mujer que no sentó a orillas del río piedra a llorar, sino a esperar! (tal vez será que se pone a esperar primero y a llorar después) Esta freak es toda mujer que espera y espera... La que espera que su hombrecito cambie, que deje de ser un niño, que se vuelva romántico y detallista, que deje de ser machista, que la escuche, que busque trabajo, que se decida a estudiar, que mejore su carácter, que deje de fumar, que deje el egoísmo, que deje de tratarla mal, que deje sus celos, que la ponga por encima de sus amigos, que deje de tomar, que deje atrás sus andanzas o que deje de ponerle los cuernos, que la tome en serio, que le pida matrimonio, que...!!! así siguen y seguirán esperando!

Se llenan de promesas a sí mismas y a otros, de que la espera valdrá la pena y tendrá frutos… ajá sí cómo no! Porque sorry, los hombres no cambian! (y nosotras tampoco... simplemente nos vamos adaptando) por eso generalmente ella después de esperar tanto, terminará adaptándose a él, o resignándose a que es un reverendo *&Z¡X%! y que perdió mucho tiempo esperando en vano. Qué masoquismo el nuestro! Perder tiempo esperando cambios que nunca llegarán y sufriendo por propio gusto. Bien dicen por ahí que las mujeres generalmente suelen hacerse daño a sí mismas, mientras los hombres prefieren lastimar a los demás...

La Llorona
Lloran y lloran y lloran. Y no por su hijo. Sino por todo, y siempre… Lloran hasta porque una mosca pasó y no las saludó. Terrible. Se ahogan en llanto a la más mínima cosa que pase, más si tiene que ver con su pareja. Un tono de voz, una palabra, un gesto, una mueca, “una carita”, una no-llamada, un no-detalle, un no-mensaje, una discusión, a veces un simple desacuerdo las pone a llorar como Magdalenas. Triste pero cierto, tras de todo, abundan.
Hartan a sus parejas que después de un tiempo, ya no creen en sus lágrimas de cocodrilo y ignoran sus llantos; claro, lo malo será que cuando tengan una verdadera razón para llorar ya éste no les creerá o no obtendrán su atención, porque ya excedieron su límite, sino de lágrimas (que no sé porque no se les gastan) a veces sí de paciencia y de tolerancia. Luego las dejan y se preguntan entre suspiros y lagrimitas ¿por qué? ¿Qué hice mal? Pues lloraste demás, bestia! Y tu no eres la protagonista emperadora de Quo Vadis, ni tus lagrimas se guardarán en una botellita por ser valiosas para la posteridad (igual para ellas se necesitaría, mínimo, un tanque) Estas freaks hipersensibles, pierden su tiempo llore y llore por cuestiones, en su mayoría, sin importancia. Yo me pregunto, ¿nunca han pensado que por algo La llorona, es una leyenda de miedo? (sí, de miedo, así como la Cegua y el Cadejos!) Bueno, pues eso es porque una mujer llorona, espanta. Punto.

Atracción fatal
Todos hombres y mujeres sentimos celos, negarlo de nada sirve. Son comunes, a veces los padeces tú, a veces el otro, a veces solo surgen aunque no quieres. Y sí, unos los padecen más que otros, pero el punto es que los celos existen, ni modo. Además son un mal necesario, creo. Pero si se abusa de ellos, y más si las que abusamos somos las mujeres pues se pone grave la cosa, porque siempre he creído que no hay nada más peligroso que una mujer celosa. Obviamente hay muchas intensidades, pero los celos exaltados por miedo a la infidelidad, resultan muy dañinos para las relaciones de pareja, aún para aquellas que sobreviven estos ataques. Y es que cuando se duda, se pierde la confianza, se pierde la paz, la seguridad y la tranquilidad, estamos a nada de que se pierda muchas veces el control, la sensatez, la prudencia y hasta la dignidad. Y ahí, justo ahí es cuando las mujeres asustan. Las más bellas, las más inteligentes, las de mayor carácter han perdido sus cabales, y han sufrido las consecuencias de los celos que las convierten en mounstrillas dignas de una secuela de Atracción Fatal. Y ojalá exagerara, pero no. Algunas versiones?

Conozco desde mujeres que se han levantado de madrugada y caminado en pijama a la casa de su chic a ver si ya está el carro en la cochera, o que acampan afuera de su casa para ver si llegan con alguien; a mujeres que han enviado una amigo al mismo bar donde está su novio para que lo vigile; conocí hace un tiempo una muchacha que le pagó a una amiga porque le cayera en la mesa a su galán para ver cómo reaccionaba este cuando salía sin ella, y estaba considerando enviarle en otra ocasión un compa gay, para descartar si él le daría vuelta con un hombre. Increíble. Están las que los hostigan y se pegan al celular cd 10 minutos hasta que su hombrecito de señales de vida cuando éste sale sin ella, otras que cuando éstos llegan de donde sea que anden, los atacan con preguntas mientras usan su mejor olfato -estilo perruna- para interceptar cualquier señal de “mal comportamiento”. Hay mujeres que caen de improviso en el apartamento, la oficina, en reuniones y fiestas para sorprender en el acto. Algunas los persiguen en taxis o carros de amigas, y el otro pobre ni se imagina que es parte de una persecución, casi de película. Hay mujeres que se hacen pasar por otras personas para averiguar “cositas” que su galancito no les dice y el colmo es que en estos tiempos hay mujeres que se abran perfiles falsos en portales para medir hasta su fidelidad virtual, o que los usen para vigilar los movimientos de éste y sus exparejas. Horror es poco.
Y si, lo acepto, entre lo más normal –y no por eso aceptable, pero bueno, estoy en recuperación- hay algunas que simplemente no podemos dormir de tanto pensar, que nos angustiamos y nos enfermamos, que lloramos de impotencia porque odiamos “celar” pero lo hacemos, que nos sentimos perturbadas por “no saber” o por “las posibilidades que hay de que…” y más si nos gustan los malos que tiene un historial de espanto, o los bichillos como diría mi amiga Ani. Entonces sufrimos de gastritis, colitis, estrés, migrañas y de la rabia que da sentir celos, a veces infundados, y no poder evitarlo. No siempre tenemos la fuerza para hacernos un cocowash y voltearnos a dormir, no es fácil poner la mente "en mute". En ocasiones el sexto sentido o la idiotez del que ama perdidamente pesan más, que triste. Y por ello, nos equivocamos mucho convertidas en una freaks que husmean bolsillos, celulares, mails, palms, autos, cajones y camisas.

La Monster
Esta es la peor, para las propias mujeres, porque es autodestructiva. Y no hay exorcismo que valga para sacarla o ahuyentarla cuando sale. Es esa mujer-monstrua que generalmente surge después de que ella tiene una desilusión amorosa, acaba una relación de noviazgo o termina con alguien con quien salía. Aparece, ahí como un fantasma, pero uno que espanta porque está viciado por los cigarros, el insomnio, el “no sé qué hacer con mi vida”, los “no quiero nada” y “no tengo ganas ni de levantarme”, la quejadera, la lloradera, los porqués, los silencios, la tristeza, la amargura, la nostalgia y una buena dosis de melancolía; la atracadera de comida o la dieta auto infringida causada por la pérdida de apetito, los helados de chocolate y las borracheras, sí al mejor estilo de Bridget Jones. Y cuanto dure viva, depende de cuánto dure la mujer en superar la perdida, ene re-armar los pedazos de sí misma, en volver a ser ella... y mirar adelante.
Esta monster, tiene etapas y muchas degradaciones. En mi caso, aparece única y exclusivamente al terminar una relación importante y de peso (gracias a Dios) pero igualmente asusta. Confieso que es una mezcla de todas las anteriores, exceptuando los cigarros y las frasecitas como las que dije arriba, que nunca me han salido, nose, pero eso sí, me implica una sesión de ruptura de recuerdos (por eso no tengo fotos de mis ex) los días de silencio sin poder oír música ni ver una película, sentir horrible el pecho o ganas de llorar de pronto por pasar por alguna calle, o lugar que me trae recuerdos. Andar con horror de topármelo, de verlo o de ser vista. Y sin duda, también lleva inherente esas conversaciones eternas, a veces repetitivas, con las amigas quienes siempre estarán de acuerdo (aparentemente) seguro porque saben que duele, pero también porque saben que pasa. Esas que te escuchan, y te acompañan en tus procesos, en esos cierres de capítulos una y otra vez, las veces que haga falta. Reconozco eso sí, que mi monster es de muy corta vida, pero si asusta alguillo... me asusta a mí y me aburre… porque me jode mucho, porque casi siempre aparece de madrugada.
El suyo???

martes, 5 de mayo de 2009

Cuando nosotras asustamos...

Si, hoy nos toca a nosotras, las mujeres, que muchas veces podemos asustar y mucho. No es fácil hacer una lista de los tipos de mujer en los que muchas veces nos convertimos, esas “freaks” que se revelan en nuestras actitudes y comportamientos, como espanto de nuestras parejas y hasta de nuestras amistades, que son testigos de la transformación. Me basta recordar antiguas anécdotas, de conocidas, de amigas y algunas propias, para decir internamente, “pobres hombres”. Vale la pena dejar claro que muchas veces esa mounstrilla aparece o apareció una vez con un susodicho específico y nunca más, pero que lamentablemente muchas de esas mounstrillas, son sencillamente la forma-particular-de-ser-pareja de ciertas mujeres y para desgracia masculina, salen una y otra vez, se esconden y aguardan en sus cavernas interiores, hasta que llega la próxima presa y buuuh! se manifiestan. Es entonces cuando los hombres no viven una peli romántica exitosa, sino un ciclo de películas de terror.

Muchaslas reconozco en mí o uds, o en ajenos, porque son cosas que pasan y se ven a cada rato, en todas partes. Y es difícil decir cual es mejor y cual es peor, así que mejor, calladitas. La que no ha pecado que tire la primera piedra. Jeje
Aquí van, agrupadas bajo el nombre que se me ocurrió, estas comunes y a veces horrorosas conductas femeninas neuróticas, irracionales, a veces justificadas, y muchas veces, casi psicópatas.

La eterna periodista

No tengo nada contra mis colegas, pero según dicen mis amigos no hay nada peor que una mujer que los somete a una entrevista interminable día y noche. Las mujeres podemos preguntar, porque sí, eso es demostrar interés, que te importa. Pero cuando nos excedemos y pasamos del cómo amaneciste?, que tal te fue en el examen?, te salió el proyecto? Y que tal tu día? Al… Qué hiciste? Qué me cuentas? Eso es todo? Dónde estás? A qué hora vienes? Cuánto tardas? A dónde vas? Con quién vas? Qué te vas a poner? ¿por qué no eres como fulanito? (la mujer que se la vive comparando, mezclada con la periodista, es una bomba!) Y peor, a los terribles: ¿En qué piensas? A quién estás viendo? En quién estás pensando? Por qué no me contestaste el cel? Con quién estás? Por qué te demoras en contestar el messenger? Con quién estás hablando que le das más importancia que a mí? Y demás interrogantes de onda me falta un tonillo o unos cuantos, y pienso entrevistarte continuamente porque quiero y ninguna respuesta me deja conforme, simplemente FATAL.

Este tipo de mujer sí que espanta. Es terrible para ellos y también para uno, que empeora y nunca estará satisfecha; finalmente quedará como una necia, o una controladora. Me incluyo porque alguna vez he sido de éstas, aunque sin excesos (tan loca no estoy) pero preguntar “me sale natural” mal de comunicadora? tal vez, pero siempre tengo preguntas y porqués. Para todas es tarea obligada tener control, pero sobre nosotros, encontrar la medida entre el interés y la asfixia, y sí, controlarlos a ellos -pero sutilmente-jugando de forma inteligente, lo suficiente para que ellos sientan ganas de contarnos los detalles y nos den la info que queremos, pero sin que tengamos que preguntar tanto, a veces, tonterías.

Y tu mamá también

Existen por millones. Desde la perspectiva de estas mujeres los hombres que aman, no son más que niños que necesitan cuidados y chineos; confunden la atención con la complacencia en todo, se vuelven sobreprotectoras y tratan de influenciarlos, cambiarlos o modificarles pequeños detallotes como su gusto en ropa, forma de hablar, de bailar y hasta lo que comen. Les lavan, cocinan, planchan, peinan, perfuman, limpian anteojos y zapatos, hasta amarran cordones, les hacen manicure y pedicure. Hay que agregar que entre más inútil él, peor la freak maternal que se ve impulsado por los dejos machistas de nuestra sociedad. Se suman a estas, las que tratan de enseñarles de religión, cultura, arte, política o historia, de esas que se ponen a llevarlos a ver películas de todo tipo, por más aburridas que les parezcan “para que les guste el cine” (mi único síntoma, lo acepto). Las que se preocupan de más, y tratan de ocuparse de todo.

Lógicamente muchas terminan compitiendo con la suegra, porque claro, ésta ve amenazado su papel, frente a esta reciente mami-novia que toma un rol que no le corresponde. Lo increíble es que muchas veces los hombres hasta buscan mujeres de este tipo, o pretenden que una novia se porte así, porque si no, “no me quiere”. De hecho cuando tuvieron una de este tipo o le huyen de por vida, porque madre sólo hay una (y a veces ni con esa pueden) y se hartan; o se acostumbran tanto a ese tipo de relación viciada, que terminan en adelante siendo dependientes, buscando mamás en sus parejas. Que espanto. Por algo el incesto se condena. Además sorry pero el complejo de Edipo es admisible en la infancia, no a los 26. Las mujeres espantan en este plancito materno, pero los hombres que se dejan, y se sienten cómodos con parejas así, espantan más aún. Si les llega una así, deberían ponerse a cantar una canción que dice: “Asi no soy yo, como tu me ves, un hombre en tu cama y un niño después” agregándole ”y si me seguís viendo así, te dejo, porque yo mamá ya tengo, y si no, no necesito una”. Ok?

La Mujer burbuja

Esa mujer que se convence que su galán de turno es el amor de su vida, que ha encontrado “a su hombre ideal”, que ese es el que tanto había esperado y desde ese punto vivirán happily ever after. Justo ahí, empieza a soplar su burbujita rosa, su mundo propio de fantasía encapsulado –solo para dos- donde el hombre es perfecto, y son la pareja perfecta, entre ellos todo es adivinen? Perfecto. Pareciera que creen su propio cuento de perfección eterna y dicha absurda; brillan las estrellas en el cielo aunque este nublado y revolotean mariposas todo el tiempo. Para ella no hay nada ni nadie más importante que ese sujeto, por lo que todo lo que hace con su vida depende exclusivamente de él, sale solo con los amigos de él y cuando él dice, se aleja de las suyas y se gana que éstas empiecen a no incluirla en sus planes, porque de por si “nunca puede”; además de resentirle al galán que la ha “raptado”, siendo ella la que se excluye sola, porque prefiere quedarse haciendo burbujas de amor en su pecera al estilo de Juan Luis Guerra, pero no una noche entera como dice la canción, sino todo lo que dure esa “relación”. No hay cabida para amigos y familia, ni para todos los eventos sociales donde oh horror, se les pueda volver a considerar un ser individual y no un siamés!
Lo peor es que las mujeres-burbuja llegan a vivir solo por él y para él, y esperan lo mismo en retribución. Y a menos de que tengan un extraño espécimen hombre-burbuja a su lado, ahí empiezan las frustraciones que les generan esas expectativas, porque son muy pocas las posibilidades de que hallen uno, y si lo hallan, solo será más destructiva la relación, mientras dure. Uff y cuando se estalla la burbuja, retomar su vida les cuesta mucho, más según cuánto tiempo se mantuvo embrujada, digo “en-burbujada”.

Las geishas

Son muchas las variantes de una geisha que podemos tener entre nuestras “memorias”, y no por usar base en la cara, sino porque alguna veces las mujeres se convierten casi en profesionales entrenadas de la DISPONIBILIDAD y la ATENCION, “al servicio de” esos hombres que se instalan en nuestra vidas. Este es tal vez el freak más difícil de admitir entre las féminas, pero ciertamente yo alguna vez estuve ahí, y muchas de ustedes han estado también, cuidando y consintiendo al Sr. Tanaka de turno, siendo su entretenimiento, velando un celular a la espera de un mensaje de texto, o esperando horas una bendita llamada al lado del teléfono.

Me duele hasta escribirlo, pero llegué a faltar a paseos familiares, o a irme antes de algún cumpleaños por estar de geisha de algún menganito, quien lo tiene uno de sapa? Quién!!! Porque tristemente esas fechas no se repiten, esos recuerdos a los que renunciaste por él, no los tendrás... Hablando de renuncias, recuerdo un terrible día en que abandonando totalmente mi estilo personal, me puse una camiseta -las odio!- un jeans, gorra y tennis, renuncié al make-up, al perfume y a mis aretes, porque un cierto Sr (que de feminidad no entendía ni papa) me quería ver así. ¿Ven? Ese fue mi top-geisha. También lo fue cancelar otros planes para estar “a su disposición”, acceder cuando el otro aparecía y inventaba un plan nuevo que ni me agradaba, porque claro, a las geishas les parece “muy feo decir que no”, además de que uno estúpidamente piensa “capaz que si no lo acompaño, se va con otra!” (Pucha!) En esos momentos sólo nos falta el kimono! Que espantosa complacencia sin sentido practicamos a veces, aún a mujeres como yo, cuyo carácter nos impide quedarnos en ese papel mucho tiempo, nos ocurre. Hay algunas que conozco que si documentaran su historia con algún fulanito, podrían competir con las geishas reales de Japón, porque como por arte de magia, están ahí al primer chasquido de los dedos de su chicos. Qué pena.

The Wedding Planner

A mí sí que por este estilo, no me da. Yo a los más que he llegado es a jugar con mis apellidos y los del otro, pero es más por mi tonto perfeccionismo de que todo calce, que me fijo que suenan bien juntos, casi como señal. Pero hasta ahí. Entre este tipo de mujeres hay múltiples variantes, desde las que imaginan a cuanto menganito conocen, con esmoquin al pie del altar (a solo dos meses de relación), las que se sueñan vestidas de novias caminando por el pasillo, las que lanzan siempre un suspirito al pasar por tiendas de Novias, de las que juegan solitas a escoger y ponerle nombre a los bebés que vendrán en el futuro, a tres días de que creen haber conocido al “futuro padre de sus hijos”. Algunas preguntan a la segunda cita, ¿quieres casarte? Y ay de que el otro diga que no, que ni se le ocurra!
Con el tiempo, algunas de estas se transforman en una media loca, tipo la de la peli de de Tim Burton the Corpse Bride y empiezan a buscar un marido, hasta la muerte, con peor ahínco que si buscaran un tesoro perdido, y todo lo que consiguen es espantar a sus pretendientes y alejar su dichosa boda cada vez más. Tristemente para algunas, aunque logren otros objetivos, si no se casan, o por algún motivo se quedan solas, sienten que han fracasado. Muchas nunca aceptan que el tiempo pasó, y simplemente el matrimonio no era para ellas. Tengo una tía soltera a sus 59 años, que siempre soñó con casarse y estaba segura de que lo haría, nunca creyó que no casarse era una posibilidad. Fue tal su deseo/ilusión que con cada relación medianamente seria que tuvo en su vida, vino la compra de objetos pro-hogar desde platos, cucharas y alfombras para el baño, hasta la confección manual de manteles, sábanas, almohadones, cortinas y cuanta cosa ella pudo tejer, pintar o bordar, para cuando se casara. No sé si es más triste, verla tratar de bromear con ello, mientras sus ojos dejan ver una mezcla de amargura y melancolía, o el que todo esté guardado sin usar en un armario, y que a la espera del esposo, hijos y la casa, se quedó solo con el polvo y las polillas.

La Mujer Maravilla

Perfeccionistas, complicadas, obsesivas, vanidosas y exigentes consigo mismas. A veces demasiado. Aqui si que me doy con todo. Siempre mostrando carácter, queriendo lucir impecables y ser novias amorosas, buenas amigas y buenas amantes. Enfocadas a dar el 100% en nuestras relaciones, pendientes de ser la mejor novia que han tenido y que tendrán. Lo malo es que, por más que te esfuerces nunca será suficiente. Estas freaks somos las mujeres que olvidamos que estando en pareja, una no puede pretender ser perfecta siempre. Por más tiaras y accesorios para el look con súper poderes, eso no te garantiza nada.

Lo que pasa es que nunca vimos a La Mujer Maravilla recién levantada, mechuda ni fachosa, ni con el maquillaje escurrido, dolor de ovarios o migraña. Siempre segura, siempre fuerte, siempre perfecta, nunca la hemos visto llorar, ni mostrar debilidades. Pero en el plano real, como uno es humana, pues estas existen. Minimizarlas no sirve de mucho, porque quien las quiera esconder por siempre, jamás lo logrará. Nuestro pequeño freak interior saldrá de todas maneras, tarde o temprano, porque tenemos defectos y malos días, porque somos de carne y hueso, no una superheroína de calzón apretado, ni siquiera Lara Croft. Además, aunque consigamos ser parecidas a la wonder woman, pues peor, porque igual esto como que espanta, resultas “demasiado buena” y te tocará oír: “eres demasiado mujer para mí”, “no te merezco”, “mereces a alguien mejor” o el colmo, como me pasó a mí una vez, “sos la mejor mujer que conozco, pero ocupo una que no sea tan así y sentirme más libre, poder fallarle o darle vuelta o algo tranquilo y no estar presionado por la conciencia, por hacérselo a alguien que no se lo merece”. Así o peor? De la mujer maravilla lo único ideal, sería quedarnos solo con la soga y el avión, bueno y la corona tal vez... Jaja. Y si ni eso se puede, siendo ella no ganamos nada, perdemos. Además es muy cansado, lo digo por experiencia.

La mujer lonchera

A que me refiero? A una variante de “la mujer colgante” mezcla de la mujer muñeca/trofeo y la mujer llavero –y no por el tamaño- sino porque van de la mano o guindando del brazo, casi como un adorno que se lleva. Esa mujer, que se alista, se lleva, se usa y se deja. Al mejor estilo de cuando éramos niñas, que buscábamos cada año la lonchera más linda con el personaje de moda para lucirla, la adorábamos por cómo se veía, más que por lo que llevaba dentro. Nos la daban lista con la merienda para la escuela, y una vez ahí, la poníamos en el piso a nuestro lado; la buscábamos solo a la hora del recreo. Así que no es mucha la diferencia entre las lonchera de infancia, y cuando las mujeres se arreglan como tres horas para pasarse otras tres sentadas a la par de su pareja, y con su círculo de amigos, que tienen sus respectivas loncheras al lado…

Te llevan y pretenden que pases horas sentada “a la par de” (si tienes suerte) ojalá bien sonriente y fingiéndote entretenida, rodeada de extraños (que solo te miran más pro-evaluación, que pro-atención), sin decir nada, quejarte, ni hacer caras; ves pasar el tiempo y mientras el grupo de susodichos está “en su mundo”, alrededor parece como si uno y las demás no estuvieran ahí.
En mi caso, soy más como una mutación de este tipo, ya que francamente me cuesta estar callada mucho rato, y suelo entablar conversación fácilmente con gente que no conozco, así que te llevan de mujer-lonchera-parlante, para que además de lonchera-barbie-ambulante, hagas muestra de tus dotes sociales e intelectuales. Dios libre no estés coversona, o de humor, o graciosa, o encantadora. Uy cuando hacemos de locheras, espantamos por permitirlo! No deberíamos dejar que nos lleven de loncheritas en versión acompañante a estar en segdo plano y donde compañía real, es lo que menos recibirás. De pequeña tuve como 3 loncheras cada año, de todos los tipos y colores, pero era yo quien la llevaba de la mano; y yo ni a la escuela, ni a la vida de lonchera, ni a ninguna parte en ese plan, voy más.

Esperen la segunda parte...