Siempre he creído que sería muy útil que hubiéramos nacido con un botoncito escondido por ahí, que una vez que avanzamos, al lanzarnos a seguir con nuestra vida, y dejamos atrás a un algo o alguien que se vuelve “pasado”, pudiéramos presionar el botón y saliera volado como un paracaídas que se extiende lejos y que una vez de nuevo ya aterrizados en tierra, en tiempo presente, se quedara ahí, tendido, despegado de nosotros, muy atrás… y hasta la vista baby. No habría que cargar con él nunca más. Pero no, ni modo, no nacimos con esa bendición. Ningún botoncito. Ni por más que cantemos “ya lo pasado pasadooo, no me interesaaa (…) todo quedo en el ayer, ya olvide, es el ayer, ya olvideee (…) ya todo he olvidado, ya a todo el pasado, ya le dije adiós” ajá! sí claro. Uno cree que lo logra, pero olvidar todo, todo todito? Que va… ni José José. Véanlo con su pasado de vicio a cuestas y ya casi mudo. ¿Ven? Siempre tendremos algo que nos lo recuerde.Es imposible olvidar del todo, aunque queramos y lo deseemos con toda el alma, aunque estemos totalmente convencidos de ese olvido, que aún si se logra, es débil, es un olvido relativo, nunca por completo. Si acaso en las películas por magia o por abducción como en the Forgotten, a las personas se les puede borrar el pasado de la mente. Ojalá así funcionara la realidad. Todo sería mucho más fácil. Nos podríamos cruzar todos los días con ese ex que nos hizo la vida a cuadritos y pasaríamos de largo como si nada, sin inmutarnos en lo más mínimo, no nos alteraría saber que nuestro amor de adolescencia va a ser papá, no sentiríamos nada en el estómago al pasar frente a “ese” parque, ese carro que es “igualito”, ese peluche, ese bar o por alguna calle “especial”. No nos paralizaría reconocer una fragancia o un cierto perfume-viejo-muy-conocido que nos hace dar vueltas la cabeza tipo la doña del exorcista, buscando al susodicho que huele “así”, ni tampoco al poner fin a cualquier relación de importancia necesitaríamos tiempo, ni terapia, ni amigos en esa difícil etapa en la que volvemos a estar solos, después de la relación que no funcionó. Pero, chanfle, no se puede. ¿Algo nos ata a él?, o ¿nos atamos nosotros?
Respuesta: Todas las anteriores. Algunos, por masoquistas, tercos o porque nos traiciona la memoria; a otros porque la vida misma parece jugar con nosotros, llenándonos de sus extrañas “casualidades”, y por una mezcla de todo eso, es que no podemos dejar de mirar por el espejo retrovisor de nuestras vidas. Tarde o temprano damos una miradita, aunque sea de reojo. Y nos jodimos. Cuál es la peor parte? Que la culpa es nuestra y nada más que nuestra. De nosotros mismos y de nadie más. Recién me di cuenta de esto y de algunas otras cosas. Alguna lección quería darme la vida o dejarme claro que estoy más libre del pasado de lo que creía que era posible, pero que lo olvidé menos de lo que suponía. Les cuento por qué…Toma 1. Hace como un mes, inesperadamente me topé con mi último ex en un Concierto. Apareció justo a la mitad de mi canción favorita, él no se dio cuenta que yo estaba ahí con mis amigas, y sin saberlo, se sentó en el mismo sector, misma banca, misma fila y a escazas cinco personas de mí. Yo no podía creerlo, parecía mentira, eran miles de personas, ¿qué hacía justo ahí? Sólo a mí -me dije- Que horror. Lo acepto, el “imprevisto” me impactó, me desconcentró, amenazó con robar mi tranquilidad, con acabar con mi propósito de des-estrés y de pasarla bien –que obviamente no incluía querer ser vista, escuchada, vigilada y detallada por mi exnovio y su nueva novia que lo acompañaba- así que tuve mis segundos de aturdimiento y claros deseos de huir. Pero sorprendentemente, esa que inicialmente me pareció una casualidad tan repugnante, se convirtió minutos después en mi mayor razón de dicha en meses. Resultó ser una fantástica casualidad. Sí. A él lo vi, lo observé y no una, sino varias veces, a propósito, con el deseo interno de de ver que sentía, de sentir algo, aunque fuera asco, pero no, no logré sentir nada. Nada.
Los vi juntos, la veía a ella a su lado y tampoco. Acepto que me pregunté ¿por qué la que se buscan después siempre tiene que ser más fea? No me lo explico… Pero más allá de eso, si acaso sentí lástima por ella, y creo que ni eso, alguna cosas que han pasado me dicen que ella se merece el futuro que le espera a su lado, así que ni pena. Fue raro, y reconfortante a la vez. Noté que al verlo lo sentía ajeno, casi como un asistente más, al que conocía, pero para lo mucho que significó en mi vida y con la huella que dejó, era casi increíble percibir tanta frialdad en mí y verlo como un extraño. Fue entonces que me percaté de que cualquier cosa que alguna vez sentí, ya no está ahí, ya no está en mí; y me embargó un alivio, una paz interior que le daría envidia hasta a Gandhi. Felizmente, minutos después estaba cantando, bailando y riendo.
Desde ese día tengo una sensación de plenitud extraña, tal vez porque confirmé algo que difícilmente se sabe, hasta que lo compruebas viendo a la persona que amaste con alguien más… Esa tarde/noche supe que lo logré, que lo olvidé. Y con ello, mi terror de encontrármelo desapareció y mi temor de que quedara alguna ceniza, murió. No saben lo bien que se siente. Me sentí de puta madre como dicen por ahi... porque lo logré sola, no necesite otros clavo ni recursos innecesarios, sané sola y lo olvidé maduramente. No hay otra forma de olvidar, ni de dejar atrás. Y quiero que ahí, atrás en el ayer. Lamentablemente con él pasó todo lo contrario, al día siguiente apareció en mi hi5 con una “invitación para ser mi amigo” y justo ahí, supe dos cosas más que no sabía, la primera: que el sí me vio, y la segunda: sus deseos de volver a ser parte de mi vida son inversamente proporcionales a los míos de que no lo sea nunca más…Toma 2. No sé si uds se habrán enamorado alguna vez de un profesor… Yo sí, o al menos reconozco que llegué a sentir ese tipo de amor que uno llama así, cuando tiene 15 años y peca de ingenuidad. A esa edad conocí a JK, un profe de mate que llegó a mi cole (de monjas y de solo mujeres) y lo revolucionó, como la vida de casi quinientas mujeres, de profesoras y madres de familia. Todo un suceso. Con su llegada, se dispararon las hormonas, los celos entre compas y hasta los deseos de levantarse por las mañanas. A mí nunca me dio clases. Por eso un saludo, un encuentro en la soda, un beso y la más mínima atención de su parte hacían que valiera la pena ese día. En el fondo le agradezco, ¿saben? su presencia le dio ese “toque especial” a esa etapa colegial que hoy recuerdo con tanta nostalgia. Una vez me alzó en brazos, tras una descomposición que tuve, y siempre lo recordaré, porque cuando abrí mi ojos y el estaba ahí puff, casi me desmayo de nuevo. Su trato hacia mí, tan cortés y cariñoso, sin que tuviera que tenerlo, al no ser yo su alumna, me daba “ilusión”. El siempre fue un caballero y eso me encantaba… Durante los tres años que coincidimos ahí, nuestra relación de profe-guapo/pseudoalumna-enamorada sufrió muchos cambios; con el tiempo logré manejar la atracción que sentía y conseguir una amistad teñida por una cierta “complicidad” que nunca pasó de eso, ah y también una foto con él y mi mejor amiga –también enamorada de él- que pasará a la historia. Salí de ahí y no volvía a verlo… hasta hace unas semanas.
Nos reencontramos en ese cole, ahora, varios años después, ya él no es profe allí, ni yo alumna, totalmente otro escenario. Lo vi y me embargó cierta emoción. El es y fue JK y lo será siempre. Su masculinidad, su sonrisa, su aroma y su caminar seguían haciéndose notar. Su saludo afectuoso, me sorprendió. En cuanto lo vi a los ojos supe que ese hombre me veía ahora de un modo muy diferente... parecía tan feliz de verme. Que fue realmente muy chistoso. Debe ser la misma mirada que yo puse en 1999 cuando lo vi por primera vez. Fue un encuentro breve marcado por un abrazo final muy sentido. Noté que le atraje, y mucho. Pero jamás pensé que buscaría comunicarse conmigo, pero lo hizo. No entraré en detalles, pero renovamos el contacto. Le bastaron dos días para invitarme a salir y preguntarme si me interesaba románticamente hablando, y en menos de una semana se autonombró como “mi futuro novio”. Yo, halagada y algo confundida-asustada por su interés en mí y su velocidad, lo dejé decir lo que quiso. Conversando nuestras diferencias fueron saltando a la vista, así como esa niña que yo no soy más. Entretenida, lo vi hacer gala de su colmillo, y usar su manual de conquista, pero en algún punto empecé a sentirme como parte de un capítulo de aquella fábula de Pepe Le Pew, con JK convertido en ese zorrillo que necio, que perseguía insistentemente una gata llamada Penélope –personificada por mí- convencido de que eran el uno para el otro, sin darse cuenta que esa no era una zorrilla. Igualito.
El tiempo pasó, por mí y por él, dejando su huella (y robándole algo de pelo) El no es lo que quiero para mí como pareja, aunque yo sea lo que supuestamente el está buscando. Ni modo. La vida da revanchas, y esta la agradezco, mi ego lo agradece, mi yo interno también porque este capítulo cerró la historia de JK, con una cierta satisfacción, aunque algo de pena. Algo de mí hubiera querido otra cosa, probar tal vez… pero la parte dominante, sabe que no tenía sentido intentar, ¿para qué arriesgarse en el mar, si no hay tierra a la vista? Además ahora sé quién soy (o al menos en eso estoy) y sé que cinco palabras bonitas conmigo, no bastan. Me valoro más ahora y valoro más mi tiempo, no se lo daré a cualquiera. No voy a derrocharlo con alguien que no es lo que yo busco y necesito. Así me toque decirle “No” a mi amor platónico del ayer, que a pesar de todo, me tentó hoy, y bastante. Pero es mejor así, mejor dejar ese pasado donde estaba, quieto, junto a este presente, como una hermosa memoria del futuro. Y hasta ahí.
Toma 3. Finalmente, una simple carpeta de música me dio en estos días muchas respuestas. Buscando algo en el desorden de mis archivos de la compu (soy un verdadero desastre) encontré una carpeta de música que no me explico cómo sobrevivió a las mil calamidades por las que ha pasado este aparato, cuyo disco duro ha muerto y revivido las veces que un gato, pero en fin. El punto es que empecé a escuchar todo. Que gran error. Olvidé mi gran memoria musical. La olvidé por completo. Ese día me sentí atacada, me saltaron a la mente una sucesión de imágenes escondidas, de escenas y momentos olvidados, y personas que hace tiempo se fueron de mi vida, de golpe reaparecieron frente a mí. Esa noche me convertí en un robot que solo ponía una y otra vez“reproducir”. Mientras mis ojos reales se quedaron idos por un par de horas, mis ojos imaginarios le dieron play a todo, como si fueran una vieja película muda, en la que yo ponía los diálogos. Creo que de algún modo las llaves que mantenían esa caja cerrada abrieron todas sus cerraduras, una por una, con cada canción.
La alarma de mi celular sonó a las 12 en punto. Justo a la media noche me di cuenta de cuánto tiempo había pasado jeteando y viajando, teletransportándome al mejor estilo del famoso Scruch, solo que a mí el fantasma del pasado no me soltó nunca el muy cabrón. De no ser por el cel, seguro allí amanezco con cara de teclado. Ahí me percaté de que todo el tiempo que pasé en compañía de mi mente, sentada donde estaba, estuve sola. Estoy sola. Sigo sola. Todo lo que había guardado no sólo parte de mi música favorita, sino también la banda sonora de varios pasados.
De todos modos, para películas mil veces vistas está Titanic, o más viejita Ben Hur, para imaginar los mismos cuentos recontados y sabidos de memoria está la infancia, para películas que sí queremos volver a ver again, está el DVD. Nos gusta renegar, lamentarnos y salir con los famosos “ojalá nunca hubiera conocido a fulanito”, “quisiera poder retroceder el tiempo” (esa es mía, todo un clásico creo), “nunca debí perdonar a”, o “¿por qué me enamoré de menganito?" “no debí haberle dado otra oportunidad” “en qué momento se me ocurrió fijarme en...?” Pero bueno, la vida no está hecha de patrones, no es una línea recta. En el amor no hay reglas, instrucciones ni tácticas probadas. Estamos llenos de recuerdos buenos y malos, y de experiencias; abundan las ilusiones a destiempo, las metidas de pata, los encuentros fatídicos, las coincidencias absurdas, los errores terribles, y las personas equivocadas.
Así es. Pero siempre podemos volvernos más prudentes, podemos usar nuevas estrategias y podemos tratar de no repetir errores, dichosamente para eso hay variedad, y siempre habrá otros que cometer… Podemos soñar con un futuro que sea mejor que nuestro pasado. La aceptación de ese pasado, que “ya fue”, con lo que cuesta, es solo el primer paso, pero uno muy necesario para poder pasar al siguiente: ya no volverá. ¿Duele? Claro, sobre todo al principio, pero con el tiempo ese dolor será cada vez más leve. Si alguna vez sentiste que te faltó el aire? Ahora si acaso te queda un suspiro… Si creíste tener un día gris? ahora lo verás cómo sólo un poquito de neblina… El dolor existe. Pero le cambio a cualquiera ese dolor por una negación que dure mil años. No gracias... mejor tener claro que ya se terminó hace rato. Game Over. Pasemos a otro tema. Ya estuvo bueno.
Y después ¿qué?, pues no queda otra que tirarnos de cabeza de nuevo a nuestras vidas. ¿Acaso están tan vacías que nos vamos a meter un clavado mortal? No lo creo. Hay mucho por hacer y por vivir. Así sintamos la inseguridad de un equilibrista inexperto, ese vértigo vale la pena. Podemos convertirnos en clavadistas, ¿que tal? Nuestra piscina está llena de otras cosas, que pueden no ser amor, pero que están ahí, esperándonos. Estar solo requiere un poco de valentía, así sintamos que flaqueamos, o que nos vamos en picada de vez en cuando… Pero toca. No están a la venta recetas mágicas para ser feliz, no hay una pócima para hacer aparecer a la persona que buscamos, y no podemos ver nuestro futuro con una bola de cristal. Solo tenemos nuestro tiempo. El de hoy.
Nadie es un cuaderno en blanco. Somos seres humanos. Sin embargo, podemos no reproducir esa carpeta de música, y botar ese viejo álbum de fotos de una buena vez o comprar uno nuevo, en fin, hacer lo que sea para tirarle la puerta en la cara al pasado y gritarle que no la vas a volver a abrir, por lo menos en un buen tiempo –entre más tiempo mejor ¿eh?- Creo.
Toma 3. Finalmente, una simple carpeta de música me dio en estos días muchas respuestas. Buscando algo en el desorden de mis archivos de la compu (soy un verdadero desastre) encontré una carpeta de música que no me explico cómo sobrevivió a las mil calamidades por las que ha pasado este aparato, cuyo disco duro ha muerto y revivido las veces que un gato, pero en fin. El punto es que empecé a escuchar todo. Que gran error. Olvidé mi gran memoria musical. La olvidé por completo. Ese día me sentí atacada, me saltaron a la mente una sucesión de imágenes escondidas, de escenas y momentos olvidados, y personas que hace tiempo se fueron de mi vida, de golpe reaparecieron frente a mí. Esa noche me convertí en un robot que solo ponía una y otra vez“reproducir”. Mientras mis ojos reales se quedaron idos por un par de horas, mis ojos imaginarios le dieron play a todo, como si fueran una vieja película muda, en la que yo ponía los diálogos. Creo que de algún modo las llaves que mantenían esa caja cerrada abrieron todas sus cerraduras, una por una, con cada canción.
La alarma de mi celular sonó a las 12 en punto. Justo a la media noche me di cuenta de cuánto tiempo había pasado jeteando y viajando, teletransportándome al mejor estilo del famoso Scruch, solo que a mí el fantasma del pasado no me soltó nunca el muy cabrón. De no ser por el cel, seguro allí amanezco con cara de teclado. Ahí me percaté de que todo el tiempo que pasé en compañía de mi mente, sentada donde estaba, estuve sola. Estoy sola. Sigo sola. Todo lo que había guardado no sólo parte de mi música favorita, sino también la banda sonora de varios pasados. Es lo malo de jugar con fantasmas. Nunca se sabe en qué momento se aparecen y menos, cuándo se van. Lo bueno es que a esos, a los que yo había llamado con mi sesión-espiritista-musical con mi lista de tontas canciones, ya los olvidé. Sí. No los amo más. No los volvería a tener a mi lado, ni compartiría con ellos un sillón, un viaje, un bar, una noche, ni siquiera un refresco. Me olvidé de mencionar a “mi corazón”, aunque no creo que le importe mucho, porque me di cuenta que realmente el ya no vive más allí, donde suena toda esa música, que me llega tanto y en la que se cuelan risas, gemidos, susurros, promesas, miradas, palabras, besos… donde se manifestaban esos amores que murieron, y que para mi dicha, están bien muertos sin el más mínimo vestigio de vuelta a la vida.
Es reconfortante sentir que mi corazón está conmigo. Tiempo presente. El pasado está por allá, lejos, haciendo su vida seguro. Imposible olvidarlo del todo, claro, en algún rincón uno tiene que meterlo; pero ahora sé que también es imposible convivir con él. No me interesa. No vale la pena. No lo necesito y estoy mejor así ¿No es suficiente carga lo que vivimos a diario, para acumular también en nuestra mochila imaginaria tanto pasado tan pesado sobre nuestros hombros? La verdad con el día a día ya tenemos bastante, de sobra diría yo. Además quien vive mirando atrás se paraliza y no avanza. Por algo los equilibristas no miran atrás ni hacia abajo, ¿no? Pues hay mucha lógica en ello. Si quieres llegar a tu meta, viendo hacia atrás, no lo lograrás. Eso es definitivo.
De todos modos, para películas mil veces vistas está Titanic, o más viejita Ben Hur, para imaginar los mismos cuentos recontados y sabidos de memoria está la infancia, para películas que sí queremos volver a ver again, está el DVD. Nos gusta renegar, lamentarnos y salir con los famosos “ojalá nunca hubiera conocido a fulanito”, “quisiera poder retroceder el tiempo” (esa es mía, todo un clásico creo), “nunca debí perdonar a”, o “¿por qué me enamoré de menganito?" “no debí haberle dado otra oportunidad” “en qué momento se me ocurrió fijarme en...?” Pero bueno, la vida no está hecha de patrones, no es una línea recta. En el amor no hay reglas, instrucciones ni tácticas probadas. Estamos llenos de recuerdos buenos y malos, y de experiencias; abundan las ilusiones a destiempo, las metidas de pata, los encuentros fatídicos, las coincidencias absurdas, los errores terribles, y las personas equivocadas.Así es. Pero siempre podemos volvernos más prudentes, podemos usar nuevas estrategias y podemos tratar de no repetir errores, dichosamente para eso hay variedad, y siempre habrá otros que cometer… Podemos soñar con un futuro que sea mejor que nuestro pasado. La aceptación de ese pasado, que “ya fue”, con lo que cuesta, es solo el primer paso, pero uno muy necesario para poder pasar al siguiente: ya no volverá. ¿Duele? Claro, sobre todo al principio, pero con el tiempo ese dolor será cada vez más leve. Si alguna vez sentiste que te faltó el aire? Ahora si acaso te queda un suspiro… Si creíste tener un día gris? ahora lo verás cómo sólo un poquito de neblina… El dolor existe. Pero le cambio a cualquiera ese dolor por una negación que dure mil años. No gracias... mejor tener claro que ya se terminó hace rato. Game Over. Pasemos a otro tema. Ya estuvo bueno.
Y después ¿qué?, pues no queda otra que tirarnos de cabeza de nuevo a nuestras vidas. ¿Acaso están tan vacías que nos vamos a meter un clavado mortal? No lo creo. Hay mucho por hacer y por vivir. Así sintamos la inseguridad de un equilibrista inexperto, ese vértigo vale la pena. Podemos convertirnos en clavadistas, ¿que tal? Nuestra piscina está llena de otras cosas, que pueden no ser amor, pero que están ahí, esperándonos. Estar solo requiere un poco de valentía, así sintamos que flaqueamos, o que nos vamos en picada de vez en cuando… Pero toca. No están a la venta recetas mágicas para ser feliz, no hay una pócima para hacer aparecer a la persona que buscamos, y no podemos ver nuestro futuro con una bola de cristal. Solo tenemos nuestro tiempo. El de hoy.
Nadie es un cuaderno en blanco. Somos seres humanos. Sin embargo, podemos no reproducir esa carpeta de música, y botar ese viejo álbum de fotos de una buena vez o comprar uno nuevo, en fin, hacer lo que sea para tirarle la puerta en la cara al pasado y gritarle que no la vas a volver a abrir, por lo menos en un buen tiempo –entre más tiempo mejor ¿eh?- Creo. Hoy doy gracias porque valió la pena todo el tiempo que me tomó volver aquí, a este día en que puedo recordar, escribir sobre el pasado, y sencillamente seguir.
Está tan lejos como quieras y decidas que esté…
La pregunta era: El pasado ¿donde está?
Está tan lejos como quieras y decidas que esté…
El mío está más lejos de lo que me parecía…
