lunes, 31 de agosto de 2009

Amigos ¿hermanos?

Hoy estuve pensando en los amigos. No hay una receta para conseguirlos, ni traen un rotulito para identificarlos cuando aparecen por primera vez, tampoco traen su fecha de expiración. Nos toca encontrarlos, aprovechar cada minuto con ellos y echarlos de uno en uno, en ese pequeño o gran saquito invisible que todos cargamos encima, donde llevamos con nosotros a todos los que conforman nuestro mundo personal, ese mundillo privado donde le damos a cada uno un papel distinto y especial en ese juego en el que siempre ganamos, con sólo tenerlos en él.

Los amigos son un regalo, llegan un día a tu vida, así de la nada, inesperadamente, para complementarla, para llenarla de colores y matices. Creo que no me equivoco al decir que todas personas que llegan a ser las más importantes para nosotros, son justo los que se nos cruzaron por casualidad un día de tantos en el sitio menos pensado o en el más común de todos; en mi caso lo she encontrado desde en los lugares mas convencionales como el cole o la Universidad, hasta en un chivo, un club, y hasta en unas gradas o un bus! Pero a partir de ese día en que aparecen, empiezan a dar pasos a nuestro lado, dejando huellitas que cuando al tiempo miras atrás, te cuentan todo lo recorrido y te muestran que esas huellas, no se borran fácilmente.

Sin duda tendremos una alta o baja cantidad de huellitas en ese camino que llamamos vida, según que tan sociables seamos y según cuánto tiempo realmente invirtamos en cada “relación amistosienta” como diría alguien por ahí, porque si no hay dedicación ni esfuerzos continuos que propicien que el lazo amistoso se fortalezca, o si no alimentamos la relación con detalles, pues los iremos alejando y distanciando, e incluso si es mucho el descuido, los perderemos.

La vida es la vida. Por eso aún cuando fuimos o somos buenos amigos de nuestros amigos, inevitablemente muchos están destinados a estar en nuestra vida solamente como “de paso”, o de “préstamo” por un período que expira tarde o temprano, según situaciones, prioridades, otras personas y escenarios. Por eso, la gran mayoría de los amigos que uno hace, se quedan a compartir solo alguna etapa de tu vida o una época, y son otros, los menos en cantidad, los que se quedan instalados en tu vida y permanecen aún cuando su curso los lleva por caminos diversos y distantes. Todos son importantes, pero los últimos son mis favoritos.

No hay superhéroe alguno que me maraville más que un buen AMIGO, uno de esos pocos e inconfundibles buenos amigos que llegan a ser para nosotros super poderosos y extraordinarios, con su lealtad y su confianza, con ese cariño que nos brindan por cómo somos y a pesar de cómo somos. De los que en poco tiempo se transforman en “imprescindibles”, o de los que se parecen tanto a ti que ya so sabes quién se parece a quién y ya hasta se confunden, de los que sientes contigo aún cuando se vuelven invisibles porque están lejos. De esos amigos que hacen magia con tu cara porque te la cambian con sólo aparecer, y al estar con ellos ya nada parece tan malo, o de esos poquísimos que desarrollan contigo increíbles telepatías gracias a las que ya no ocupas ni hablar, porque te conocen lo suficiente como para leer en tu mirada lo que te pasa y sentir lo que sientes, y por supuesto de esos amigos mágicos que se materializan con una simple llamada o una secuencia de mensajes, y consiguen con ello volar lo suficientemente cerca, como para hacer que nos sintamos “menos solos”.

Una de mis mejores amigas es mi hermana. Desde el primer día, desde que vi aquella niña pequeñita y hermosa, la quise profundamente, y con el tiempo nos fuimos despojando de nuestros carteles de hermanas y pasamos a convertimos en grandes amigas. Fue una consecuencia casi lógica, pues aunque nos separaban 8 años, la distancia generacional fue siendo suplida por una hermosa complicidad, aderezada eso sí, con una evidente admiración de su parte, pues aún siendo encantadora y dueña de sus propios muecas y gestos característicos, seguía mi comportamiento con especial interés (halagador y molesto a la vez), me imitaba, adoptaba mis gustos y rasgos de personalidad como suyos, con lo cual se convirtió en una personita que se parece muchísimo a mí –hasta en la voz-, y que a su vez es tan diferente, tan admirable como ser humano, que es demasiado lo que aprendo de ella cada día.

Sin duda, 17 años después, aún me asombra cómo crece el cariño que nos tenemos y la dimensión de la conexión que hemos desarrollado, cuánto la extraño cuando no está y cuan primordial es para mí su presencia y su compañía, pero bueno, con ella creo que sea se explica un poco ¿no? Llevamos la misma sangre, vivimos bajo el mismo techo y ella ve mi cara desde el día en que nació, somos cercanas por confluencia de todos esos factores pero, si pienso en otras personas que considero mis amigos, pienso ¿Cuán cercano puede llegar a volverse un completo desconocido? Mucho, definitivamente. ¿Al punto de llegar a sentirlos como si fueran de tu sangre? Si, absolutamente.

Si nos preguntamos con cada amigo ¿Desde cuándo ese desconocido, se volvió conocido?, y no un conocido cualquiera, sino uno “especial”, y luego, ¿en qué momento preciso empezamos a considerar a ese conocido como “amigo”? y ¿porqué? Creo que las respuestas nos asombrarían, porque depende de cada quién y de esos quienes, y de muchas otras circunstancias… Revisar cada historia y ver cómo la hemos tejido con cada quién, nos hace ver que cada una es peculiar y particularmentemente única, ha crecido y se ha enriquecido de una manera especial; cada relación tiene un sentido, una causa y un fin diferentes, pero igualmente valiosos.

Pero este posts no es sobre cómo surgen las amistades, ni sobre mi hermana Mónica (ya le dedicaré a ella un post oportunamente) sino sobre esos fantásticos amigos que ojalá todos tengan la suerte de hallar, esos amigos que adoras y que un día descubres que se han convertido en tus hermanos, porque no sólo pasaron de desconocidos a amigos, sino a ser uno de esos favoritos que antes nombraba, de esos esenciales, de esos que ya necesitas como al agua (y no exagero, porque a veces los llama uno cuando ni siquiera se ha bañado ¿no?)

Con el paso del tiempo, 2ciertos amigos" que al contarlos te caben en los dedos de las manos –y te sobran dedos- con su presencia constante y sus continuas demostraciones de afecto, de apoyo, de honestidad y amor, van perdiendo sus roles de amigos y pasan a ser tus hermanos, y no importa que no compartas con ellos un pasado, ni una casa, ni los mismos padres ni hermanos, porque esa distancia con la que vivieron hasta conocerse y con la cual viven, luego ni se nota, ni se percibe, va poco a poco siendo suplida por una hermosa cercanía emocional, que se constituye fuerte y que termina convirtiendo a esa persona en un miembro más de tu familia, de esa familia que tu elegiste. Y eso sin olvidar que probablemente termines sintiendo su casa, su familia -y hasta su cama y su perra- como tuyos.

Esta nueva clase de hermanos “adquiridos”, tienen la ventaja sobre los de sangre de que al escogerlos nosotros, pues a menudo se parecen mucho más a nosotros que los primeros y ese parecido es motivo de risas y chistes, así como de que haya con ellos mayor empatía, que con otras personas. A menudo, la relación se torna especial cuando al conocerse, entre sus historias y personalidades, todo ese tiempo que comparten juntos hace que descubran maravillados ciertas coincidencias, similitudes y gustos comunes que refuerzan ese lazo que unió a ambos en un principio, y les da motivos suficientes para tatar de pasar más tiempo juntos y compartir actividades, aficiones y conversaciones con mayor frecuencia.

La sinceridad es otro elemento que es de lo mejor que tiene esta relación hermanable, es abierta y transparente, hay un sentimiento mutuo de libertad de decirse lo que piensan y lo que opinan con total franqueza, y es característico que precisamente, no siempre se digan lo que el otro quiere oír! Igual este amigo de brinda un abrazo o una palabra dulce o de aliento, así como un regaño fuerte o un jalón de orejas cuando hace falta, y ambos son muy bien recibidos, porque uno sabe que son merecidos y a veces, necesarios. Tu amigo-hermano casi siempre te contagiará de alegría si la necesitas, o su sola presencia te dará una razón para sonreír. Incluso viajarás feliz llueva, truene o haga sol para encontrarte con él o ella, durante horas en bus, tren o taxi, para pasar un rato juntos, porque eso hará ese día o noche más agradable, hará que valga la pena...

Por otro lado, siempre he creído que así como hay química amorosa, hay una cierta “química” que cuando nace entre este tipo amigos, se palpa fácilmente, no sólo por quienes la sienten sino por los otros, que desde fuera la perciben, la ven muchas veces con envidia, usualmente porque no todo mundo tiene la suerte de tener uno o varios amigos-hermanos en su vida. No hay que prestar demasiada atención para notarlos, pero si hay que poner mucha atención en mimarlos y valorarlos, porque cuando esta hermandad existe en una amistad es casi un milagro, una excepción en el terreno de las relaciones, y no la regla.

¿Hay más razones de porque es tan excepcional y tan estupendo tener amigos de estos? Si, uff muchas otras. Esta clase de amigos goza de una compatibilidad asombrosa -aún cuando no se parezcan mucho entre sí- y usualmente una persona le inyecta vida a la otra, y viceversa, esto sin duda los empuja más a ambos a buscar frecuentemente la compañía del otro en distintos momentos, en los buenos y sobre todo en los malos. De todas formas, siempre habrán amigos que están con nosotros para vacilar e ir de fiesta, pero cuando encontramos uno con el que llorar, que nos acompaña en nuestras crisis y nos deja solos en los momentos difíciles, uno al que le importan nuestros problemas, que nos atiende de madrugada, que nos escucha mil veces la misma historia y que nos aconseja hasta el cansancio, tenemos mucha suerte.

A estos nuevos hermanos no tienes que verlos siempre o a cada rato, pueden pasar hasta un año o más tiempo sin verse, y cuando se ven es como si el tiempo ni hubiera pasado, todo fluye como si se hubieran visto ayer y el cariño está intacto! Y por si fuera poco, estos hermanitos y hermanitas son desinteresados, no están con el otro por algún provecho o beneficio, sino sólo porque disfrutan mutuamente de su compañía y se estiman. Se ponen por encima de otros o antes que a sus cosas u ocupaciones, porque para ambos el otro es una prioridad, por eso están siempre, incluso cuando no se les llama. Se preocupan y se ocupan de nosotros, nos protegen, nos defienden y apoyan, están ahí para nosotros, cuando los necesitamos aún cuando no comparten nuestras decisiones y opciones. Y justo por eso es que trascienden la amistad, porque demuestran la mayor virtud que un amigo puede tener: la incondicionalidad. Encontrar uno una Incondicional de verdad –no la que canta Luis Miguel, aunque a veces tu amiga pueda ser ambas- nos hace millonarios en las relaciones humanas!

La confianza es un elemento fundamental, este hermanito (a) te brinda una total confiabilidad, te genera seguridad y la tranquilidad de que puedes confiarle casi cualquier cosa. Su ocupación es la de escucharte con mayor atención que otros, entenderte o al menos hacer el esfuerzo, comprenderte y tratar de darte una perspectiva diferente de las cosas, sugerencias y estrategias, están ahí para hacerte sentir mejor, para darte objetividad, para llenarte de positivismo cuando te hace falta, y ayudarte si está a su alcance, o solo abrazarte cuando nadie puede…

Lo más sorprendente es que este hermano-amigo te conoce, incluso mejor de lo que tú crees, de hecho se llegan a conocer ambos muy bien, y lógicamente se aceptan como son, se respetan y así se quieren. Ambos viven sus vidas por separado pero de forma paralela experimentan y crecen juntos, se apoyan mutuamente y se impulsan a seguir, y así cada uno le enseña al otro lo mucho y lo poco que sabe; eso sí, por mi experiencia personal con esos otros seres que privilegiadamente tengo en mi vida, hay que reconocer que aunque a uno le gusta creer que es al revés, ellos le terminan enseñando a uno más cosas de las que hubiera pensado jamás.

Un millón de Gracias a esas maravillosas personitas, gracias a las cuales, tengo argumentos, razones y motivos de más, para escribir esto hoy! Cada una me ha inspirado al menos una o muchas líneas del post. Los quiero y los llevo en mi corazón! GRACIAS especiales a Nuria, Karen, Fressy, Caro, Tati, Lucre, Mónica y Alberto!

Importantísimos también Mariajo,
Dani, Ana y Natalia Arias, Anita, Lena Andrés y Dayana! ! y gracias a Leslie, Anis, Rubén y Adriana, por ser amigos de hace poco que empiezan a serlo... no tienen idea de cuánto los aprecio!

Gracias infinitas!!!

Pd: A los que no veo hace un rato, buscaré verlos pronto, muy pronto! Los quiero!!!