No se ustedes, pero de pequeña casi siempre me dormí, después de que me leyeran o me contaran un cuento, historias repetidas cuyo final feliz, me mandaba siempre sonriente a los brazos de Morfeo. Recuerdo cuántas tardes, de esa feliz época, sin obligaciones ni responsabilidades, cuando no estaba jugando, me la pasé viendo películas de Disney. Fueron horas sumergida en esas pelis que siendo muy sanas –comparada con muchas de ahora- y con lo entretenidas que eran, me hicieron amar la fantasía tanto, que muchas veces olvidé que eran eso justamente: “fantasía”. Seguramente no habré sido la única.Más de una vez cerré los ojos, tratando de meterme de un salto en una pintura, traté de volar con el paraguas de papi, o de deslizarme -aterrada- por la baranda de las gradas de mi antigua casa, al mejor estilo de Mary Poppins. Recuerdo fingir tener una varita mágica (materializada en una pajilla) para desaparecer del plato las verduras -que nunca me han gustado- o usarla para hacerme un par de zapatos, que aunque no de cristal, fueran eso sí, bien altos, de meter y sin hebillas (lo más diferentes posible a los zapatos ortopédicos horrorosos y que me hacían usar para corregir mi pie plano). En mi soledad de hija única –en ese entonces- traté decenas de veces, que algún muñeco cobrara vida por un ratito y me hablara como Pinocho. Más de una vez guardé granitos de arroz o de elote mientras comía, para salir al patio de mi abuela, llevándolos en la mano y cantando, y me sentaba a esperar que algún pajarito se dignara a bajar, sino por mi canto, mínimo a comer. Pero nada.

No pocas mujeres ven pasar sus años, cual bellas durmientes, soñando con la llegada del dichoso príncipe azul, verde o violeta a sus vidas. Cuántas mujeres hablan o actúan como pacientes princesitas a la espera de ese día en que un magnífico caballero de brillante armadura (o sea atractivo, rico, profesional, de buena familia y con un buen trabajo) aparecerá, las mirará fijamente y se enamorará de ellas casi a primera vista, bajará de su carrazo -perdón- de su caballo, las sacará a bailar o a comer, y después de un beso -unos cuantos o algo más- sabrá que están hechos el uno para el otro, que son la mujer de su vida y tendrán una gran boda –viaje de luna de miel incluido- y luego se las llevarán consigo a vivir, a una casota, a gozar de abundancia material y servidumbre –una empleada mínimo- y sí, llegar al final juntos, al soñado: “felices para siempre”.

Innegablemente, la utópica vida que se muestra posible en los cuentos de hadas, es soñada. Los personajes son casi las parejas ideales, y para ellos, una vez estando juntos, no habrá después problemas ni sorpresas. En esas pelis siempre el príncipe es atento y caballeroso, él se quita su abrigo para tapar el charco y extiende su mano, no como los que en la vida real, no sirven ni para abrirte la puerta. Los príncipes son siempre educados, respetuosos y de carácter dulce, no los verás jamás gritando, celosos, ni agresivos; son generosos, bondadosos y galantes, no se quejan de cuánto gastaron en la cena, no son egoístas que sólo piensan en sí mismos, ni pretenden que los mantengas, ni tampoco se sienten menos si ganas más o estas mejor preparada que ellos (tal vez porque las princesas de cuento nunca son brillantes ni educadas, solo deslumbran al príncipe y al mundo con su belleza, pero eso es otro tema).

Hoy recordaba que mi primera ida al cine, coincidió con mi entrada al Kinder. Me llevaron a ver La Sirenita y con ella, además de mi necedad por cajitas felices para coleccionar sus personajes, vino mi deseo de aprender a nadar -que terminó llevándome a la 1era de las tres veces en las que casi me ahogo- y el querer tener una mascota porque Flander, el pececito amarillo me enamoró. Fue gracias a Ariel, que también tuve mi primer acercamiento con la idea del “sacrificio por amor”, ese que me toparía tantas otras veces años después, donde una vez que te enamoras perdidamente, te toca dejarlo todo: tu familia y amigos, tu hogar, a lo que te dedicas y hasta tu voz y tu cola -y metafóricamente con ellas- la forma cómo has vivido, en fin: tu mundo propio. Casi como el entendido precio a pagar, para poder ir corriendo en una búsqueda incierta del príncipe que se supone que amas –que ni conoces bien- y del que nada te asegura que llegará a amarte -menos para siempre- porque sólo entonces, cual premio a todo lo que dejaste atrás y a lo que renunciaste, conseguirán una vida juntos y felices, o sea: una “nueva” vida en el palacio de él, con la familia y los amigos de él, con sus costumbres, ahora “muda” y eso sí, en tierra, que sí, es obviamente la tierra de él. Yo amé la Sirenita, y hoy veo como en ese drama en pleno océano, entre canciones hermosas y pegadizas, su final feliz muestra a las niñas, que está bien cimentar su felicidad, sobre la resignación y la renuncia absoluta a su identidad y a su personalidad, todo en nombre del amor. ¿Ven? cualquier parecido con la realidad, en noviazgos y matrimonios, es simple y mera coincidencia.
Esas pelis, en su mayoría, enseñan que para alcanzar el ansiado y supuesto final feliz, a las mujeres nos toca renunciar a ser quienes somos –todo vale la pena por el príncipe- o peor, toca vivir engañadas, soñando y aspirando a un ideal –que es obligadamente de a dos- donde la “feliz pareja” es totalmente irreal. Qué triste y que risible que este ideal de las niñas al crecer sea ciertamente tan alejado de la realidad o las empuje a una vida llena de decepción, sacrificios y sometimiento. Después no queremos tantos noviazgos fallidos, separaciones y divorcios cuando el carruaje se vuelve calabaza.

Cuán diferente hubiera sido nuestra vida y la de muchas mujeres que conozco si en lugar de la Cenicienta, La Bella Durmiente o Blanca Nieves, ¿hubiéramos visto Shrek? -y sí, ya se que no es de Disney- Pero si es ua historia distinta, donde los personajes son mucho más reales, sin poses y viven con lo que yo llamaría una alta dosis de ubicatex! De hecho, ese sentido de realidad, fue lo que le dio un brillo especial a la historia, de entre tanto cuento de hadas, de los que la misma peli hace parodia.

En Shrek aunque sí hay un palacio, éste más bien representa una vida que la princesa no quiere para sí, el hogar termina siendo un mucho menos glamoroso pantano, donde la vida es sencilla, y sí, hay quehaceres por hacer que no te convierten en una pobrecita Cenicienta. Los personajes principales no son seres de bondad infinita, con cuerpos esbeltos y rostros perfectos, de hermosas cabelleras y voces angelicales, más bien abunda la fealdad, hay bestias, ogros y incluso la gente normal es de baja estatura. En Shrek la belleza no lo es todo, porque se acaba, lo que permanece en cambio es la esencia, y finalmente es de eso de lo que nos enamoramos ¿no? En el cuento, las apariencias perfectas no duran para siempre, porque al llegar la noche, salta a la vista la verdad, lo que la gente es realmente, tal cual pasa en los noviazgos y los matrimonios, donde nadie puede aparentar para siempre. Tarde o temprano tendremos al frente a ese otro, pero al verdadero, al que ya no puede esconderse, que está lleno de defectos y debilidades, que mostrará facetas que desconocíamos y cosas que no esperábamos, y que probablemente nos asuste a veces. (Sí, ni modo).
Si hubiéramos crecido viendo Shrek, hubiéramos aprendido de niñas que en las parejas, una vez que aparecemos convertidos en esos pequeños monstruos (que todos somos en el fondo) solo el amor mutuo, de cada monstruito por el otro –y por sus múltiples cabezas-, es lo que los salva para seguir juntos. ¿Ven? Eso es realismo. La capacidad de amar a un alguien que no tiene nada de perfecto ni de maravilloso, en eso es en lo que debieron de habernos entrenado desde niñas, porque eso sí es amor auténtico. Así que a quitarnos el peso de las coronitas imaginarias y hagamos en el futuro que las chiquitas vean Shrek primero.
Definitivamente vivir soñando como Alicia con en el País de las Maravillas, de poco sirve, como tampoco el sentarnos a esperar a un príncipe azul que no existe y un amor de cuento de hadas, porque nunca lo vamos a encontrar; no debemos crecer soñando con una perfección de vida, llena de lujos y comodidades que difícilmente tendremos –y que aún si se tiene- no asegura nada. No podemos buscar la Felicidad donde no está y de un modo que nunca llegará.
Nos toca vivir sabiendo que todo cuesta, que ninguna hada madrina nos arreglará la vida, y que solo nosotras podemos agarrar nuestra varita mágica y ser quienes decidimos nuestro destino, como será, y si será, o no, al lado de alguien. Lo bueno del cuento de nuestras vidas, es que aún sin fantasía, podemos tener la certeza de que en nuestra manos está el tener un final feliz, con o sin ese alguien, porque que aparezca no marca el fin, sino un nuevo comienzo y queda todo un libro en blanco por escribir. Es mejor convencernos de que si ese alguien sí aparece en el cuento, será porque nosotras así lo queremos y lo decidimos, y que aunque de príncipe tenga muy poco -yo me conformo con que tenga un caballo de verdad jaja- finalmente lo amemos y nos ame, con un amor humano y verdadero (que cuesta, y mucho!) pero que es un amor real.

Felicidades Sil, no cabe duda q ud sirve para esto. A mi la peli q me encantaba era Aladdin,y con mi pelo negro lacio y mi pantalon ancho igual al de jazmin, yo pensaba q era ella,pero claro q no lo soy,por dicha, como pone ud, yo si tengo el control de mi vida y puedo tomar mis decisiones, soy independiente, inteligente(no xq jazmin no lo sea),y no "tengo" q casarme, y por increible q parezca, como q eso es un problema,porque al igual como no encontramos esos principes en la vida real,lo hombres (q crecieron con la idea de ser principes pero para eso necesitan a su princesa)tampoco encuentran a sus princesas, siempre bellas, sumisas,ingenuas,dispuestas a darles su vida con tal de que sean felices,concuerdo con ud, por eso tanto noviazgo fallido,separaciones y divorcios, que a mi parecer se pueden resumir en poner la felicidad en manos de otro,cuando eso depende unicamente de uno mismo, no de un principe q venga a rescatarme o de una princesa q me de todo.Cuando entendamos esto y sepamos amar,con un amor real, como lo expresa ud,sin esas altas expectativas de como tiene q ser la otra persona,podremos crear ese final feliz del q ud habla. Lena
ResponderEliminarSi si amiga. Por qué no vimos Shrek??? por qué! Syl q bruta de veras genial. Y tranki xq cada palabra que escribió valió la pena ey Libro Libro! TQM a lot. atte Me
ResponderEliminarpinches princesas de mentirillas!!! jajaja!!! peo di es la pura y real verdad diria mi profe!!! jaja!!
ResponderEliminarNurita!
Si antes lo sospechaba...ahoara tengo la certeza...jeje... buen blog... ya tienes otra fan!
ResponderEliminarMis sinceras felicitaciones!...
Alexa
Que genial este post. No te conozco pero admiro como escribes. Me gusta tu humor, como planteas todo y como analizas las cosas.
ResponderEliminarSeguiré leyendote
Myriam
Mis respetos! QUE POSTTT!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarDeeberias de escribir, lo digo en serio, muy bueno de vd, tenes una gran vision y mucha claridad para analizar todo...
Yo a veces aun tengo esa corona puesta, algun dia ya no la tendre mas
Cindy